El cuarterón, el congo y el español

10ago08

En una reunión de amigos, se encontraban tres, cada cual más mentiroso.

Siempre que se reunían, contaban tantas mentiras, que ellos mismos se asombraban de una manera espantosa.

 

Eran ellos:

Jacinto el cuarterón, el congo José y el español, don Manuel.

Don Manuel, muy alegre, empezó a contar

- Oigan ustedes, lo que me pasó un día que yo estaba paseando por el campo. Resu’ta que iba yo caminando y veo dos puercos que estaban encarama’os en una mata y cogé’ un buen seboruco pa’ tirales y cuando echo el brazo pa’ ‘trá’, tropecé con tre’ jicotellas que dormían en la mata que estaba detrás de mí … y con el golpe que les dí, pá’ cogé’ impulso, las tiré, ya muertecitas pa’ ‘l suelo, y con la piedra que le tiré a los puercos, maté a los dos, que llegaron al suelo y quedaron tiecisitos, sin decir ni ay. ¿Que les parece?

 

El cuarterón lo mira un momento y sonríe para después decir:

- Seño’ don Manué’, usté’ se ha pue’to un poco fatá’ … quiero que sepa’ que la’ tre’ jicotea que usté’ tumbó de mata pa’ cogé’ impulso, y que llegaron a suelo mue’tecita’ y no dijeron ni pio … eran miá’. Ahora, usté tié’ que pagá’ mi tre’ jicotea’.

 

Don Manuel lo mira asombrado … y no tiene tiempo de reponerse de su asombro, al escuchar la voz del congo José, que le dice muy alegre:

- Pué’ mira como sé cosa … lo’ do’ pue’co’ eso’, que caé’ de mata, eran mío’ … usté’ tambié’ t’ené’ que pagá’, lo’ do’ pue’co’ de congo José.

 

Bueno … como ya don Manué’ y yo arreglá’ problema de jicotea, voy a contá’ mi cuento.

- Miren ustede’ … detrá’ de conuco mío, hay un pe’acito ‘e tierra, y mi mujé’ quiso sembrá’ algo.

 

Despué’ de mucho pensá’, me dijo:

- “Mira Jacinto, yo creo que el pe’acito ‘e tierra que hay detrá’ de tu conuco, no tiene dueño, yo lo va’ cogé’ pa’ sembrá’ una mata ‘e papaya “. Yo le dije que sí, porque nunca nadie había vení’o a mirá’ ese pe’acito ‘e tierra.

 

- ¿Así que un pedacito ‘e tierra, que hay detrá’ ‘e tu conuco?

 

- Sí … y e’ buenísimo. Míren ustede’, mi mujé’ sembró la mata ‘e papaya y nació una tan grande, que nosotro’ tre’ junto’, no podemo’ cargarla.

 

- Así que esa papaya tan grande, que hay en el fondo ‘e tu conuco, es de tu mujer?

 

- Sí … e’ inmensa y …

 

- Esa tierra es mía. ¿Qué te parece?

 

El cuarterón Jacinto lo mira aterrado.

- Sí, señor cuarterón, esa tierrita es mía y tú y yo tenemos que arreglar ésto, porque yo no sé, si tú has visto, que al la’o ‘e la papaya ‘e tu mujer, hay una mata ‘e piña, que están to’as chiquiticas y raquíticas … y ahora me entero que culpa la tiene, la tremenda papaya de tú mujer, que se ha roba’o to’a la esa tierra y no ha deja’o que mi piña se ponga grande y jugosa. ¿Te enteras?

 

- Pero … don Manué’, yo no sabía …

 

- ¡Un carajo, Jacinto! Ahora tú … tienes que pagarme el tiempo que la papaya de tu mujer ha estado al la’o de mi raquítica piña.

 

- Mire don Manué’, yo creo que usté’ y yo podemo’ arreglá’ e’te asunto.

 

- ¿Sí? … ¿Cómo? Porque yo no le veo ningún arreglo.

 

- Mire, don Manué’ … usté’ ya no tené’ que pagá’ mi tre’ jicotea’, que tumbá’ de mata … y yo no pagá’ ese negocio de papaya y piña.

 

- Lo voy as pensar, lo voy a pensar porque de to’s modos, pue’ sí, quedamos en paz.

 

- Entonces … ¿ya te’miná’ problema?

 

- Bueno … digamos que sí.

 

- ¿Amigos?

 

- ¡Venga, un abrazo, hombre!

 

Entonces, como todo está arregla’ito y no hay ningún problema … que venga el cuento del congo José.

- Hombre, cuarterón, el cuento de nuestro amigo congo, no pu’ faltá’.

 

- Yo no queré’ hacé’ cuento.

 

Todos lo miran sin comprender, nunca el congo José se ha negado a contar sus famosas historias, que dice con mucha gracia.

- ¿Porqué hoy tú no quiere’ contá’ cosa?

 

- Mira cuarteró’, aqui hay un lío de tené’ que pagá’ cosa y yo no va’ sacá’ botija pa’ pagá’.

 

- Vamos hombre. Yo nunca he visto un congo apendeja’o. Cuenta algo bueno.

 

- Yo va’ contá’, pero yo no pagá’ ningún dinero.

 

- Vamos … empieza y no jodas má’.

 

- ¿Ustedes sabé’ quién era Rosa la cuarterona?

 

Don Manuel lo mira extrañado.

- ¿Que Rosa?

 

- La que vivía cerquitica de Jacinto.

 

Don Manuel se pone muy serio cuando le dice:

- ¿Tú conoces a Rosa la cuarterona?

 

- Si, yo mi’mito conocé’ …

 

Y el congo ríe a más no poder.

- Así que tú conoces a Rosa la cuarterona.

 

- Deja contá …

 

- Sí, don Manué’, deje que cuenta.

 

- Sí, cuenta … cuenta.

 

Y el congo José vuelve a reír muy contento, recordando sus fechorías.

- Aqui nadie sabé’, que congo José se llevá’ a Rosa.

 

- Fuíste tú, el que se llevó a la Rosa?

 

- Yo mi’mitico … sí señó’.

 

Y vuelve a reír, muy satisfecho, mientras don Monuel lo mira, con ojos de muy pocos amigos.

 

Entretanto, el pobre cuarterón, los mira sin comprender la actitud de don Manuel, que se pone de pie y se acerca muy despacio a José.

- ¿Sabes, congo José? Yo nunca supe quien se llevó a la cuarterona. ¿Asi que fuíste tú?

 

- Ya se lo dije, don Manué’, yo mi’mitico.

 

- Mira congo … mi cuento tú bien sabe’ que es mentira, el de Jacinto, tú tambien sabe’ que es mentira … pero el tuyo, tú sabe’ que es verdad, porque to’ el que vive por aquí conoció a Rosa y saben que ella dejó a su marí’o por un congo.

 

Y ahora yo me entero que ese congo eres tú, y lo que tú tampoco sabe, es que aquel marí’o, soy yo.

 

Así que ahora me entero que tú ere’ el Cabrón hijo ‘e puta que me puso los cuernos y me los clavó hasta los cojones.

 

© Teresa Dominguez Alfonso

 

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