Francisca, Guachinango y Francisco
Francisca y Francisco, vivían juntos, tenían un conuco y algunos guanajos, y otros animales, entre ellos, gallinas, perros y gallos.
Francisco estaba empecinado, en que o Guachinango estaba enamorando a su Francisca o Francisca estaba enamorando a su amigo Guachinango.
Un día lo invita a comer para ver que sucedía entre los dos. Pensaba que después de unos trancazos de aguardiente el Guachinango le confesaría la verdad.
Más tarde, en medio de la comedera y la borrachera que tenían, Francisco, medio borracho, le pregunta a Guachinango.
- ‘Chinango … ¿Qué tú queré’?
A le que Guachinango contestó rápido.
- Yo quiero, le mejor que tú tiene’ aquí.
Enseguida Francisca sonríe y mira alegra a Francisco y a Guachinango, pensando que los dos van a discutir por sus amores, porque ella piensa que es lo más importante que hay allí.
Francisco mira a Francisca, después mira a Guachinango, arruga la frente para decir:
- Pué’ yo no te le va’ da’.
- Yo te va’ da’ a cambio, el mejó’ pue’co que tengo.
Francisca se pone muy seria, los mira a los dos … y piensa que ella no está de acuerdo en que la cambién por un animal y mucho menos por un puerco.
Agarra una jícara, le echa aguardiente y … se mete tremendo aguardientazo, mientras Francisco dice:
- ‘Chinango … ¿tu creé’ que yo te va’ cambiá’ Franci’ca po’ pue’co?
- Ay Franci’co … lo que yo quiero, es cambiá’ puerco, por esa guanaja golda que tú tienes ahí.
Francisca le tiró a Guachinango la jícara por la cabeza.
© Teresa Dominguez Alfonso
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